La he cag..do, ¿y ahora qué hago? (Primera parte)

La he cag..do, ¿y ahora qué hago? (Primera parte)

No conozco las normas específicas sobre el uso de tacos(groserías) en los títulos de los artículos en este medio, así que me he autocensurado. Creo que algún día hablaré de la autocensura. A pesar de ser de uso común, en todos los estratos, no está bien visto en «ciertos» sectores el uso de este tipo de adjetivos. Dejémoslo así. Este artículo va de ¿Qué hacer cuando la hemos cag…do? Bueeeno, más «finolis» ¿Qué hacer cuando hemos tomado una mala decisión? Si eres sensible al uso de «palabrotas», mejor no sigas. No hay muchas, pero las hay.

Para contestar a esta pregunta debemos dar un pequeño rodeo. ¡Ánimo! Es un contexto necesario para entender mejor mi propuesta de respuesta a esta pregunta. Como siempre procuro en mis artículos, no son ideas «verdaderas», son ideas para generar reflexión, debate, aprendizaje.

Tendríamos que hacer una gran disertación acerca de ¿Qué es exactamente una mala decisión?, pero la verdad es que, sin temor a generalizar casi todas y todos nos hemos equivocado en nuestras decisiones alguna vez en la vida.

Algunos maestros espirituales han dicho que no existen las buenas o malas decisiones, que solo existen las decisiones. Que el tiempo ya dirá si fue lo mejor o lo peor que pudimos haber hecho. Según estos maestros es tan importante estar atento a qué tipo de mermelada le echas a tu tostada del desayuno, como si atiendes al semáforo o al móvil en el cruce de una calle o a dónde vas a invertir tu tiempo y tu dinero.

 

Recuerda esto a la parábola taoista sobre el aldeano anciano que perdió su caballo, que le permitía su subsistencia. Sus paisanos salieron a lamentarlo y a consolarle por la mala suerte. Éste, muy sabio dijo, ¡mala suerte o buena suerte, ya se verá! Al cabo de unos días el caballo regresó y apareció con una yegua. Ahora el anciano contaba con dos animales para su trabajo. Los aldeanos salieron a felicitarle por su buena fortuna. El anciano dijo: mala suerte o buena suerte, ya se verá! Unos días más adelante, el hijo mayor del anciano, su mano derecha en el trabajo, se montó en la yegua y se cayó. Se fracturó la pierna y no podía ayudarle a su padre en las labores diarias. De nuevo, sus vecinos vinieron compungidos a consolarle por su desventura. Nuestro protagonista de la historia, volvió a repetir: ¡mala suerte o buena suerte, ya se verá! El país entró en guerra por aquellos días y el rey envió a sus emisarios a reclutar a los hijos mayores de cada familia para reforzar el ejército. Se llevaron a todos los primogénitos al frente del combate, menos al hijo fracturado del anciano cuya lesión iba para largo y le impedía desempeñarse adecuadamente como soldado. Otra vez, los habitantes de la aldea, desolados porque se llevaron a sus respectivos hijos, se acercaron al anciano para señalarle la buena suerte que había tenido porque su hijo no había sido reclutado. ¿Adivinen qué contestó el anciano?

La historia termina allí. Hay varias formas de contarla, pero el sentido es ese. Si vemos en perspectiva las decisiones que hemos tomado, es posible que nuestra evaluación sobre las mismas sea diferente. Pero, de esto no va este artículo. Va de qué hacer cuando es evidente que nuestra decisión ha sido equivocada. No tengo la sabiduría taoísta de aquel anciano, aunque quisiera tenerla, así que tengo que vérmelas con mis decisiones y asumir las consecuencias de las mismas. Al fin y al cabo, soy un adulto responsable y al parecer, asumir las consecuencias de nuestras acciones viene con el paquete.

Por supuesto que hay miles de adultos que no quieren hacerse cargo de las consecuencias de sus decisiones, sobretodo si son erróneas, pero, de nuevo, ése es otro tema.

Para no desvariar demasiado, les propongo estos «cristales» para categorizar en dos grandes tipos de malas decisiones.

·        Por el tamaño de las consecuencias de las mismas. A falta de un mejor nombre por ahora las llamaré «De Magnitud»

·        Por la sensación interna que nos producen. Las llamaré «Sensibles»

De Magnitud: Tipos de malas decisiones de acuerdo al tamaño del daño de las mismas.

En este tipo vamos a considerar tres subtipos. Cada cual tendrá que evaluar cuáles de sus acciones ubicaría en éstos. Y aquí tenemos otro problema para evaluar las decisiones. Los seres humanos oscilamos entre un amplio espectro de evaluaciones de sí mismos. Vamos desde la condescendencia o inconciencia absoluta (todo lo que hago está bien porque lo hago yo o simplemente no me doy cuenta) hasta la lapidación (todo lo hago mal y por suerte encuentro la fuerza para levantarme cada día). Dependiendo de este espectro de autoconsciencia, ubicaremos nuestras decisiones en un lado o en otro. Juega conmigo en este artículo y trata de ubicar tus decisiones en estas categorías.

La primera evidencia al considerar nuestras decisiones por el tamaño del daño causado es que nuestras intenciones no importan. Aquí importan los resultados. Es posible que ante un juez, o en alguna circunstancia particular, las buenas intenciones puedan servir de atenuante, pero al final, los resultados son los que son.

·        Sub-tipo G-C: Gran Cagada

·        Sub-tipo C-I: Cagada intermedia

·        Sub-tipo P-C: Pequeña cagada.

1.    Sub-tipo G-C: Se trata de decisiones que causan un gran daño a nosotros mismos o a otras personas. Un gran daño podría ser perder el empleo o hacérselo perder a alguien, perder una cantidad importante de dinero (o hacérsela perder a alguien), romper el matrimonio, atropellar con el coche a alguien. Por supuesto estamos hablando de personas «normales» haciendo «cosas» cotidianas. Hay niveles incluso en este sub-tipo, dependiendo del grado de responsabilidad que se tenga. Podríamos decir que hay «G-C Plus» y «G-C Plus Ultra». No es lo mismo que seas la directora de gestión humana que deba despedir a un trabajador, a que debas hacer un recorte de decenas, centenas o miles de personas. No es lo mismo que con tu decisión provoques un accidente leve de una persona, a que el resultado sea la muerte de esa persona, con las consiguientes consecuencias para la familia. No es lo mismo equivocarse en la traducción de un modismo del lenguaje en una negociación internacional a que esa traducción de pie a una escalada bélica. Una característica fundamental de este tipo de decisiones es que hay pocas posibilidades de revertir los daños causados y el resarcimiento nunca es proporcional al daño causado.

2.    Sub-tipo C-I: A partir del anterior, es más fácil entender este tipo intermedio de mala decisión. Se trata de un tipo de decisión que no puede pasar desapercibida, que hace daño, que «cabreará» a alguien, que puede dejarte en mala posición ante alguien que te interesa, pero donde finalmente hay alternativas de revertir las consecuencias negativas de tales decisiones. El resarcimiento se acerca, aunque no alcanza del todo, a contrarrestar el daño causado.

3.    Sub-tipo P-C: Es la «cagada nuestra de cada día», como el «pan nuestro de cada día» de una popular oración cristiana. Imagina a una persona «super-consciente» de cada palabra, cada gesto, cada emoción, cada acción que realiza. Todo está muy bien meditado, planificado, dimensionado. Esta persona, si existiera, tendería a cometer pocos errores. Sus decisiones serían acertadas casi el 100% de las veces. ¿Existe esa persona? ¿Cuántas pequeñas malas decisiones tomamos cada día? Probablemente, si las evaluamos por el daño que provocan, así no seamos este «super-humano» probablemente sumaríamos varios días en que no haríamos las «littles fuck ups». Una manera de evaluarlo es ser conscientes de cuántas veces tenemos que decir «lo siento» o «discúlpame» en un día. Ya sabéis que hay personas aficionadas a estar pidiendo perdón por cada cosa que hacen. Probablemente sean las personas de las que hablamos que se autoflagelan en exceso. Claro, del otro lado están quienes no se disculpan ni a palos, ni viendo en cámara lenta el daño que han causado con sus decisiones (grandes o pequeñas). En las P-C, el daño es pequeño. En ocasiones no pasa de un malestar pasajero. Las consecuencias no son graves y generalmente el resarcimiento supera el daño causado. Puede ir desde unas sinceras y sentidas disculpas hasta un «detalle» tangible que compensa el daño causado. Un ejemplo sería el descuento en una tienda por un error del dependiente, un postre en el restaurante, un bonificación en dinero o días en una empresa.

Sensibles: Tipos de malas decisiones de acuerdo al tamaño del daño de las mismas.

Bien, como su enunciado lo dice, no se trata ya del daño causado, esta categoría se refiere a la sensación interna que nos provocan nuestras decisiones. Es una mezcla de emociones, sensaciones y pensamientos difíciles de delimitar. En ocasiones tienen que ver con la llamada «intuición». Se ha escrito poco sobre la «intuición» como motor de las decisiones, pero está ahí. Otro tema pendiente.

El panorama es el siguiente: Tomamos una decisión. Creemos que ha sido suficientemente meditada (ni mucho, ni poco) y que por tanto reflejará nuestra intención. Y aquí se abren las posibilidades.

·        Las consecuencias de tu decisión reflejan la intención con la que la tomaste. Aun así algo en ti te hace dudar, sobre si ha sido la decisión correcta,

·        Las consecuencias de tu decisión no reflejan tu intención. Iríamos a evaluarnos con el tipo decisiones «De Magnitud».

¿Fue acertada la decisión de cambiarte de empresa?

¿Haberte gastado tanto dinero en una formación que finalmente no crees que vas a utilizar?

¿Casarte con esta persona?

¿Haber confiado tan rápidamente en alguien?

Una persona con una tendencia a la inseguridad puede poner en tela de juicio todas sus decisiones por pequeñas que sean. Casos «light» aunque potencialmente problemáticos van desde la persona que siempre sale tarde de su casa porque es incapaz de tomar una decisión sobre la ropa que quiere ponerse, sería un ejemplo.

Pero las personas «muy seguras» no están inmunizadas a esta sensación interna de que la decisión tomada puede no haber sido la correcta.

Y aquí viene una evidencia como un planeta, pero que no suele ser tenida en cuenta a la hora de evaluar las decisiones: El imparable flujo del tiempo. Una cosa es intentar pensar mucho para tener cierta tranquilidad de que la decisión que tomamos es la correcta y otra es habiéndola tomado, darnos cuenta de si sus consecuencias corresponden con nuestras intenciones y/o con las sensación interna que quería conseguir con ella.

Te pagas un viaje al caribe, pero no te informaste adecuadamente del sitio a dónde ibas, y en lugar de ser tus vacaciones soñadas termina en pesadilla, sería otro ejemplo.

¿Qué hago con las malas decisiones que he tomado?

Puede que no haya sido mi intención, ¡pero la he cag..do!

Con este contexto podemos intentar una respuesta, pero lo hago en la segunda parte que éste ya se hizo muy largo.

¿Qué otras categorías se te ocurren sobre las malas decisiones?

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