¿Mujer profesional, independiente, inteligente…pero sola?

¿Mujer profesional, independiente, inteligente…pero sola?

¿Sabes a qué se referían «antiguamente» cuando decía que alguien era un «buen partido»? ¿Antiguamente?

Era una expresión usada casi exclusivamente para referirse a un hombre de «buena familia», con dinero, buena educación y un futuro «prometedor». También se ha usado para referirse a las mujeres con otras características: «hogareña», «juiciosa», «respetuosa», «con buenos valores» (casi siempre religiosos), que «sabe estar», que tiene claro «cuál es su lugar».

Sí, sí, ya lo sé. Parece que estoy hablando de hace siglos, pero eso es posiblemente porque:

  1. Crees que lo que pasa en «occidente» es todo lo que pasa en el mundo.
  2. Crees que lo que pasa en las ciudades es todo lo que pasa (principalmente en aquellos hogares donde las familias han podido mujeres con carreras universitarias).

En otras zonas del planeta, el papel de la mujer sigue estando relegado a ámbitos de obediencia y servidumbre, laboral, familiar y sexual. Y aún en nuestro venerado occidente de la libertad, en las zonas rurales, y en zonas deprimidas de la ciudad, se siguen dando prácticas de esclavismo y abuso de las mujeres que preferimos no ver.

No quiero caer en la incorrección de que es un asunto de clase social. Sucede en todas, pero cada situación requiere una contextualización diferente.

Éste es un asunto lacerante, pero…no es el tema del artículo.

El objetivo de este escrito es compartir un testimonio personal, de uno de los fenómenos que más han llegado a mi consulta, calculando un poco, tal vez en los últimos 20 años.

Para ambientar la discusión, quiero mencionar un artículo que el portal psicologiaymente.com publica, firmado por el psicólogo Bertrand Regader, donde se exponen los alcances de una hipótesis salida de una investigación titulada “¿Por qué los hombres inteligentes eligen a mujeres menos inteligentes?”, que ha sido publicada en varios medios.

Según Regader, "En este estudio, el académico John Carney explica que las mujeres menos inteligentes suelen tener mucho más tiempo libre porque no son capaces de obtener beneficios económicos suficientes si estudian más o trabajan más horas de lo común, con lo cual tienden a emparejarse con hombresde mayor inteligencia que, estadísticamente, son los que acostumbran a tener mejores puestos de trabajo y sueldo, lo cual ayuda a ellas a avanzar económicamente y a disfrutar de un tren de vida más alto. Una conclusión, la de John Carney, que, por supuesto, ha desatado una fuerte polémica."

No me extraña. Cualquiera que sea la hipótesis que se quiera exponer, no estará exenta de polémica porque, justamente es uno de los aspectos que quiero señalar con este artículo, estamos en la actualidad moviéndonos en un terreno fangoso, sin saber muy bien qué queremos los unos de las otras y las unas de los otros (y todas las combinaciones posibles)

En otra extracto del artículo Regader señala que "El estudio de Carney fue realizado a un total de 121 personas de nacionalidad británica. Los resultados han dado mucho que hablar: siendo preguntados por relaciones de pareja heterosexuales en las que la mujer tenía un inteligencia claramente superior, los encuestados percibían a éstas como problemáticas y menos deseables".

Del tipo de mujer del que quiero hablar es alguien que llega a consulta deprimida, cabreada, decepcionada por sus relaciones afectivas (principalmente heterosexuales). Estas sensaciones se deben a:

  1. No acaban de cuajar una relación satisfactoria con los hombres que conocen.
  2. No encuentran hombre con los cuales tener un tipo de relación que vaya más allá de lo ocasional.

Voy a hacer un salvamento de derechos para poder continuar: Estos dos situaciones no se refieren a las mujeres que de manera consciente y asumiendo las responsabilidades que éstas significan, han elegido no tener relaciones «serias» y mantenidas en el tiempo, sino que su modelo de relación es salir con cuántas personas tengan la posibilidad(éste también es otro tipo de seriedad), pasársela bien y no «enredarse» la vida con el amor y otros demonios, como diría García Márquez.

Es posible que algunas de estas últimas mujeres hayan elegido este estilo de vida por las razones anteriores, pero me parece irrespetuoso no valorar que haya personas que lo hagan porque eso es lo que quieren y no como «lo que les tocó hacer» por resignación, ya que no encontraban al hombre «adecuado».

Cada vez son más las voces que cuestionan los mitos del amor romántico y cómo éste nos ha puesto ( a hombres y mujeres) a buscar quimeras que hacen que nuestras expectativas con respecto al amor y a las parejas sean irreales e irracionales y tengan garantizado el dolor emocional.

En nuestro programa "Domina tus Celos" hablamos ampliamente del asunto, así que invitados(as) a echar un vistazo.

Pues bien, el perfil de la mujer que quiero señalar es de alguien, generalmente de 25 años en adelante (hasta los 50 y tal vez algo «más allá») que es profesional, tiene un empleo relativamente estable, tiene una imagen personal positiva, se siente atractiva y buena persona, ha hecho una carrea como mínimo, destaca en su gremio por su capacidad de trabajo y su inteligencia, pero está (y se siente sola) afectivamente. Es, como diríamos antiguamente, «un buen partido».

Cuando «hace unas décadas»(¿?) se usaba esta expresión también se sugería una cierta «cacería» por las jovenzuelas de buen ver, que las ponía en una competición a ver quién se hacía con los favores del dandy.

Me temo que algo de esto hay en las mujeres que he descrito. Se sienten un «partidazo» y no se explican cómo es posible que no haya una pléyade de «señoros» tratando de conquistarlas. O si lo hacen, cómo es posible que entre tanto babuino, no exista un sapiens que sea capaz de rociar feromónas persuasivas.

Para mi sorpresa, aún sigo escuchando expresiones como «es que los hombres solo quieren una cosa». ¿En serio? Pues sí. Y me temo que, efectivamente, hay muchos hombres que solo quieren «eso».

La reflexión es ¿cómo es posible que yo (profesional, independiente, inteligente) no sea capaz de conseguir (o mantener) una relación de pareja? ¿Soy yo el problema? ¿Son los «hombres»? (Así, en general). ¿Son las circunstancias actuales en que nos relacionamos mujeres y hombres?

La respuesta más sencilla, pero también, posiblemente la más acertada, es «un poco de todo».

Muchas mujeres actuales, liberadas supuestamente de estereotipos femeninos de debilidad, emocionalidad, resago profesional e inteligencia, siguen influidas y presionadas por el peso de la cultura de:

  • El fin último de la vida es tener una pareja
  • Sin una pareja estoy incompleta.
  • La mujer se realiza através del matrimonio y la familia.
  • Mejor acompañada que sola. La versión popular de este dicho es al revés, pero justo por esto la menciono.

Los hombres (así, en general) siguen sintiendo que a las «mujeres no las entiende nadie».

La cultura viene cuestionando hace unas décadas los modelos de masculinidad y feminidad y llevamos un tiempo en que muchos hombres no saben qué tipo de mujer quieren (o son capaces de aceptar), ni qué tipo de masculinidad deben desarrollar para ser «aptos» para esta nueva mujer. Y éstas han subido el listón de sus expectativas con respecto a lo que esperan de los hombres, sin tener claro exactamente qué quieren. Aunque he visto que es mucho más fácil identificar qué no quieren.

¿Cómo te sientes en tu empresa sabiéndote lleno(a) de talento para mayores retos, pero dándote cuenta que eres invisible para la organización? ¿Frustrado(a)? ¿Decepcionado(a)? Pues es algo como esto a lo que me refiero con este tipo de mujer. Se saben atractivas, se saben inteligentes, se saben capaces, se saben independientes, se saben autónomas económicamente, se saben con voz propia para temas vitales donde antes no podían opinar o donde el que abrieran la boca estaba mal visto, pero están solas.

Y nos referimos a quienes llegan a esta última frase «pero estoy sola» con una carga de incertidumbre, tristeza, aburrimiento(hartazgo), rabia, desesperanza e incluso culpa.

Cuando me encuentro con este tipo de personas en mi consulta, las invito a hacer un análisis más global, más crítico, más sociológico y antropológico, no solo psicológico.

Esta «realidad» no está sucediedo solo porque haya algo inadecuado en el sistema de valores y la formación emocional de las mujeres. Hay algo más. También están sucediendo cosas en el «ambiente», en la forma en que las redes sociales nos están «forzando» a relacionarnos a través de la apariencia y la inmediatoez, en las expectativas que tenemos sobre cómo queremos vivir en unos años. Están en juego más elementos que simplemente la auto-culpabilización que algunas mujeres hacen, creyéndose que están solas porque son unas «putas locas» que no son capaces de retener un hombre o tener relaciones duraderas.

Aquí hay tela para cortar.

Tú, ¿qué opinas? ¿Conoces mujeres con estas características? ¿Qué otras perspectivas deberíamos considerar?

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