Honestos…¿Hasta dónde? – Segunda parte

Estamos haciendo unas sencillas y asépticas (jejej) reflexiones acerca de la honestidad, sus sinónimos y sus antónimos.

Quisiera empezar por la pregunta que dejé en el artículo anterior: ¿Podemos ser totalmente honestos los seres humanos?

Me viene a la cabeza la película escrita por Paul Guay y Stephen Mazur, dirigida por Tom Shadyac y protagonizada por Jim Carrey, que dependiendo de qué lado del océano estés se llamó “Mentiroso compulsivo” o “Mentiroso, mentiroso” que sería la traducción más cercana ya que en inglés se llama “Liar, liar”.

La recomendamos de paso a quien no la haya visto, y para resumir el asunto sin dañar demasiado la experiencia cinematográfica, se trata de un hombre acostumbrado a mentir por cualquier cosa. Su pequeño hijo también es víctima de este “hábito” así que le pide a un ser imaginario superior (no recuerdo si era Dios o Santa Claus) que por favor convierta a su papá en alguien que diga siempre la verdad. Como era de esperar, el asunto se vuelve bastante “loco”, ya que el deseo del niño se cumple y Fletcher Reed (Carrey) de repente una mañana no puede dejar de decir la verdad a cuanta persona se cruza en su camino.

Bien… ahora pongámonos en su situación y pensemos…

¿Qué pasaría si fuéramos nosotros quienes nos viéramos impelidos a decir siempre la verdad, en cualquier circunstancia, ante cualquier persona, en cualquier momento?

No sé cómo será ahora, pero recuerdo que uno de los mayores insultos que se le podía hacer a un niño o una niña era que le llamaran mentiroso(a). A los adultos también nos duele, pero lo que quiero señalar es que desde pequeños, por la cultura, por la educación, por las imposturas e imposiciones sociales, por las doctrinas religiosas o por un cierto “orden” “natural” parece que no nos gusta que nos tachen de deshonestos o mentirosos.

Piénsalo… ¿Qué pasaría si un buen día te levantaras con la imperiosa necesidad de decirle a todo el mundo la verdad?

Bajemosle un poco al tremendismo y planteemos el asunto sólo a nivel de las normas de cortesía, de urbanidad o de relaciones sociales…

¿Serías capaz de decirle a una persona que apenas acabas de conocer lo horrible que le queda ese vestido?

¿O te atreverías a escribir lo que se te pasa por la cabeza a aquellas personas que se sienten lindas, pero que no serían finalistas en un concurso de belleza, y salen en poses aparentemente provocativas, en las redes sociales digitales?

Ya sé lo que responderán, las personas en Internet pueden ser muy “crueles” y acabar con la autoestima casi de cualquiera. Debo decir que muchos aprovechan el anonimato del que se puede disfrutar poniéndose un nombre de perfil falso. Y aunque fuera el propio, las personas aprovechan la distancia del mundo digital para poder decir lo que posiblemente no se atreverían a decir a la cara. La cara, la presencia física, afrontar directamente a otra persona es un elemento a tener en cuenta en esto de la honestidad. En España hay una expresión cuando alguien hace gala de desfachatez o de ser conchudo (caradura, indolente) que es “tiene mucha cara” o “se llevó el dinero por la cara” o “por tu cara bonita”.

La cara es un elemento importante es todo este asunto. Me encanta esa expresión que se usa popularmente de “dímelo a la cara”. Es una manera de evidenciar que podemos ser muy “honestos” cuando no tenemos a la diana de nuestras verdades de frente, en presencia física o en interacción directa, en tiempo real.

Y también saldrán personas, de buen corazón, que dirán que no se debe ser “cruel” diciendo la verdad, porque no es decoroso, decente, amable o caritativo. Lo que nos devuelve a la contradicción del artículo anterior de que se puede ser “decente” aunque se mienta. Recuerdo en este momento otro capítulo en la gloriosa historia de los políticos cuando le preguntaron a un diputado español, por cobrar comisiones al asesorar a una empresa privada, cuando, con toda la cara dijo “puede que mi actuación no sea ética pero es legal”. Lo que a su vez, nos vuelve a subir el nivel de la discusión a otros ámbitos que espero que podamos tocar en próximos artículos.

Déjanos tus respuestas

¿Qué crees que pasaría contigo si por un deseo mágico, te levantaras un día con la necesidad de decirle a todo el mundo la verdad?

Persona, Papá, Escritor y Psicólogo ColomboEspañol, Máster en Intervención Estratégica Breve y Experto en Intervención Transcultural. Actualmente reside en Medellín, donde atiende consulta particular y asesora diversas organizaciones

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