Honestos…¿Hasta dónde? – Primera parte

Bueno, bueno… no sé ni por dónde empezar.

Para las 3(000) o 4(000) personas que leen mis artículos y me siguen de alguna forma, saben que puedo ser bastante retorcido cuando le sacó punta a un tema. Para muestra un par de botones: La serie sobre el Amor y la serie sobre las invenciones de las Psicologías.

Empecemos por la tercera frase de este artículo. Cuando dije 3 ó 4 personas pensé en Clara, mi Esposa, en Hestevan, mi hijo y en Marianna, mi hija. Pablo, que tiene 7 años, no le gusta leer, así que llevo tres. Mis hijos no me leen (qué pereza, soy su padre) y a mi esposa no le queda de otra porque siempre termino preguntándole qué le pareció mi escrito. Además es una de las correctora de mis libros. El cuarto lector debe ser algún que otro amigo que suele pasarse por acá. De los incautos e incautas que llegan por las redes digitales, no sé mucho la verdad. Falla mía. Debería saber algo más. Lo pongo en la lista de pendientes.

El asunto de la honestidad me trae de cabeza casi toda la vida. Me he metido en muchos problemas por no ser honesto con algunas personas y un poco también por serlo. Ahí ya tenemos un primer aspecto: Seas honesto(a) o no lo seas, puede que los problemas estén garantizados. Para evitar el tedioso, pero fundamental asunto, de la visibilización de lo femenino en el lenguaje, me permitiré escribir en masculino ya que la mayoría de referencias están basadas en mis propias vivencias e ideas.

Aunque cada una de las palabras tiene su ámbito y sus énfasis, permítanme poner en un mismo saco las que en esencia apuntan a una misma situación: Hablar, actuar con la verdad. Estas palabras que pondré en un mismo talego son “honestidad”, “coherencia”, “congruencia”, “autenticidad”, “transparencia”, “honradez”, “lealtad”, “fidelidad” y algunas más que aparecerán en el camino. Y debo mencionar sus antónimos, ya que no siempre tienen la misma estructura léxica de éstas que acabo de mencionar. Antónimos de las palabras del saco de la honestidad son mentira, engaño, falacia, farsa, calumnia, trampa, embuste, cuentista, falsedad, fula, y por supuesto las que mencionamos arriba sumándole los prefijos “des” o “in”, cuando sea el caso.

Ya escribí un libro, LA CULTURA DE LOS ENGAÑADOS hace casi 20 años para hablar un poco del tema, y desde hace otros tantos estoy a medio camino con una segunda parte que parece que no voy a terminar nuuuunca.

Vamos al grano: ¿Podemos ser honestos?

El primer nivel de análisis es sobre el momento, el tiempo, la situación específica. Es fácil responder que sí, que podemos ser honestos si nos referimos a un vivencia concreta en un tiempo determinado. Por ejemplo, si alguien nos interpela acerca de algo podemos decirle lo que ha pasado y hemos hecho, contando “pelos y señales”. Hemos sido honestos. Ahora, si nos referimos a la totalidad de la existencia de una persona, debemos escribir la palabra con mayúscula, Honestidad, y volver a preguntar: ¿Podemos ser Honestos? y la respuesta será negativa.

Los seres humanos somos deshonestos (mentirosos, embusteros, etc.) por aspectos que van más allá de su intención de serlo o no, de la utilidad que le veamos o no, a esta condición.

Uno de los grandes productores de mentiras son las normas de urbanidad, el consenso social, el orden establecido. A pesar de las buenas intenciones de religiones y movimientos espirituales, la mentira es una de los grandes sustentadoras de lo que llamamos realidad, pero adoptamos posiciones morales o, mejor, “moralistas”, que nos llevan de nuevo a ver la vida en polos de opuestos. Los honestos por un lado y los mentirosos por otro. Mas, como estoy afirmando, es imposible ser Honesto en el estricto sentido de la palabra, sólo habría un lado. Por supuesto que exagero. Vamos despacio para no agobiarnos demasiado y no molestarles.

He descubierto en mi propia carne y en los testimonios de muchas otras personas, que a pesar de que sabemos que no somos totalmente transparentes, a los seres humanos nos molesta mucho que nos tachen de poco fiables.

Como dije, a pesar de meter algunas palabras en la misma talega, honesto y mentiroso no son precisamente antónimos o contrarios. El Diccionario de la Real Academia de la Lengua Española (DRAE o DLE) dice que honesto significa: Decente o decoroso; Recatado, pudoroso; Razonable, justo; Probo, recto, honrado. Y mentiroso significa: Que miente, y especialmente si lo hace por costumbre; Que es fruto de la mentira o la implica; Engañoso o falso.

Así que nos vemos ante una situación aparentemente contradictoria y cómica: Una persona por decente y decorosa (honesta) puede ser mentirosa. Y muchas otras posibilidades que ustedes mismos pueden deducir si juegan a combinar ambos significados.

De manera que la pregunta de si somos honestos en un momento puntual es sí, podemos serlo. A la pregunta si podemos serlo como una condición inquebrantada durante toda nuestra vida, la respuesta es no, todos somos deshonestos, en algún momento, en algún lugar, con alguna persona, por alguna circunstancia pasada presente o futura. Y dando una pequeña vuelta de tuerca (ya le daré unas cuantas más), podemos llegar al absurdo (aparente) de decir soy honesto pero soy mentiroso, o incluso, para ser honesto he de mentir. Los corruptos deben estar dando saltitos de felicidad, pero yo no estaría tan feliz, porque esto apenas empieza.

¿Crees que las personas podemos llegar a ser totalmente honestas?

Persona, Papá, Escritor y Psicólogo ColomboEspañol, Máster en Intervención Estratégica Breve y Experto en Intervención Transcultural. Actualmente reside en Medellín, donde atiende consulta particular y asesora diversas organizaciones

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